El mundo de la filatelia ofrece una amplia gama de posibilidades y, a la hora de coleccionar, hay material para todos los gustos. Esto porque, si pensamos solo en las estampillas, son tantas las que se han emitido desde 1840, que la idea común en el siglo XIX de tener una colección universal, con todos los sellos de todos los países del mundo, es hoy simplemente imposible.

Es por eso que en la actualidad las colecciones tienen, necesariamente, que enfocarse en países, regiones, épocas, clases de estampillas o temas. Solo aquí, el campo que se abre es muy extenso: ustedes pueden optar por, por ejemplo, por coleccionar las estampillas del Ecuador, o concentrarse en las de una emisión determinada o dedicarse exclusivamente a las que tengan errores de diseño o de impresión, por referirnos solo a tres posibilidades entre las prácticamente infinitas que tenemos a nuestro alcance.

Estas posibilidades, sin embargo, no son las únicas, pues otro mundo inmenso tenemos ante nosotros si pensamos, ya no en países, períodos o tipos de sellos, sino en los temas que se encuentran en las estampillas. Pensemos, por ejemplo, en barcos y, a partir de ahí, en la historia de la navegación, en un marino determinado, en veleros, en viajes célebres, etc. etc.; y eso, con cada uno de los temas posibles (flora, fauna, aviones y un largo etcétera). Sin duda, no hay tema que pueda interesarnos que no haya aparecido, de una u otra manera, en las estampillas.

Pero los sellos de correo no son el único objeto de la filatelia. Si pensamos solo en estampillas, ahí tienen las que no se destinaron al servicio postal sino a otros usos como, por ejemplo, el pago de impuestos (timbres fiscales) o el servicio telegráfico o telefónico.

Sean cuales sean las estampillas, otra posibilidad que se nos presenta es la de coleccionarlas nuevas (incluso con la exigencia de que tengan la goma original, completa y en perfectas condiciones), o usadas, esto es, con la marca o matasellos que comprueba su paso por el servicio para el que estaban destinadas y, por lo tanto, su uso efectivo.

En este segundo caso nos encontramos, incluso, con una nueva especialidad: la marcofilia. Para el interesado en estas marcas o matasellos, dos estampillas iguales pueden ser distintas, simplemente porque la marca que se les puso en la oficina postal en la que fueron usadas, es diferente. Y el interés aumenta cuando se piensa en coleccionar estas piezas pegadas en un sobre. En este caso, el filatelista se enfrenta al reto del estudio más profundo de las piezas, sus usos, las tarifas que se pagaron, la ruta que recorrieron, etc.

Si hablamos de marcas, hay un grupo de ellas que constituyen por sí solas una especialidad filatélica: las marcas prefilatélicas, esto es, las que se colocaban en la correspondencia en los años anteriores al uso de las estampillas y que consistían en los nombres de localidades o la indicación del pago del servicio.