Puesto que, pese a la variedad de posibilidades de coleccionismo que se han reseñado, la estampilla es el elemento fundamental que da su razón de ser a la filatelia, es bueno conocer las particularidades de esta pieza de papel y, antes de eso, cuál fue su origen.

Este año celebraremos el ciento setenta y cinco aniversario de las primeras estampillas, las que fueron utilizadas en Gran Bretaña, a partir del 6 de mayo de 1840 se convirtieron en el instrumento que permitió, como parte de la reforma del sistema postal.

Antes de esa fecha las cartas se despachaban marcadas con sellos impresos manualmente, en los que constaba el nombre de la localidad de origen, y el costo del transporte era pagado por el receptor, si no lo había hecho previamente el remitente. Este sistema producía un doble efecto: pérdidas al servicio postal, por el volumen de cartas que eran rechazadas por los destinatarios, e incremento de costos para cubrir los perjuicios sufridos por la correspondencia transportada y no pagada.

Como resultado de esto, el servicio postal era un lujo que pocos podían pagar, y buena parte de las personas prefería el uso de sistemas alternativos que, aunque prohibidos, resultaban menos costosos.

Cuentan, por ejemplo, que un maestro inglés fue testigo de cómo una chica devolvía al empleado postal la carta de un pariente; al indagar por las razones, la joven le indicó que la llegada de la carta era, según había convenido previamente con el remitente, indicación de que este último se encontraba bien, así que no necesitaba recibir la carta ni pagar por su transporte.

Ese maestro, dice la leyenda, era Rowland Hill (1795-1879), quien vio los perjuicios que la administración sufría con esta clase de procedimientos e ideó un sistema para evitarlos.

No interesa cuán veraz sea esta historia; lo cierto es que en 1837 Rowland Hill presentó un proyecto de reforma postal basado en el pago previo del servicio, pago que se comprobaría al fijar en el sobre un sello adhesivo. El nuevo sistema permitiría, según el proponente, abaratar el costo del transporte de correspondencia y con ello generalizar su uso entre la población.

Tras su análisis por una comisión de la Cámara de los Comunes, la propuesta fue aceptada y se convocó un concurso para diseñar las estampillas. Los resultados, sin embargo, no fueron satisfactorios, y se volvió a una idea original de Rowland Hill: el perfil de la reina Victoria, con las palabras “POSTAGE” en la parte superior y “ONE PENNY”, en la inferior. Para el retrato de la soberana se copió el que aparecía en una medalla contemporánea, diseñada por William Wyon.

La estampilla fue impresa en color negro por Perkins, Bacon & Co. y se puso a la venta el 1 de mayo de 1840, siendo autorizado su uso solo a partir del 6 de ese mes; se conocen, sin embargo, cartas circuladas antes de esta última fecha.

Había nacido la estampilla de correos.