A riesgo de simplificar, podemos decir que la reforma postal propuesta por Rowland Hill, aceptada por el Parlamento británico y puesta en marcha en 1840, consistía básicamente en reducir las tasas por el envío de correspondencia, a fin de que estuvieran al alcance de la población, y establecer que las tarifas las cancele el remitente, pues hasta entonces el pago por el destinatario se había mostrado por completo ineficiente; basta pensar en los muchos casos en que, prestado el servicio, no se podía cobrar por él porque el destinatario se negaba a recibir la correspondencia.

El primero de enero de 1840 se puso en funcionamiento el nuevo sistema conforme el plan de Rowland Hill y el resultado fue absolutamente exitoso: la rebaja de las tasas permitió generalizar la utilización del servicio y la afluencia de gente a las oficinas postales fue impresionante; Ricardo Jorge Leiva relata el caso de un funcionario de correos que recibió dos mil cartas en un período de tiempo durante el cual, con el sistema anterior, había despachado solo setenta.

Pero para que la reforma postal estuviera completa se requería contar con los sellos adhesivos que, según el proyecto de Rowland Hill, permitirían certificar que se había pagado por el servicio de transporte de la correspondencia. Se decidió que las estampillas incluyan el retrato de la Reina Victoria y se escogió, para ello, la imagen de perfil de la medalla conmemorativa acuñada con motivo de la coronación, en 1837.

Rowland Hill, a quien debemos el diseño preliminar del sello, se encargó de supervisar el definitivo, que estuvo a cargo de Henry Corboull. El trabajo de grabado lo hicieron Frederick y Charles Health  y la impresión la realizó Pekins Bacon. Se hicieron inicialmente sesenta mil ejemplares, pero la tirada total alcanzó a sesenta y ocho millones, de los cuales al parecer existen en la actualidad alrededor de millón y medio.

La estampilla, que entró en circulación el 6 de mayo de 1840, es de color negro y tiene el valor facial de un penique; de ahí la denominación de Penny Black. Aparte del valor debajo del retrato de la Reina y de la palabra «postage» en la parte superior, las estampillas tienen en cada una de sus esquinas inferiores sendas letras mayúsculas, que establecen la coordenada para determinar el sitio que cada sello ocupaba en la plancha de impresión.

Los sellos no llevan el nombre del país emisor, según se dice porque se pensaba que era suficiente el retrato de la Reina Victoria para saber de dónde venía la estampilla. Lo cierto es que el diseño estableció una tradición y, a partir de entonces, ningún sello británico lleva el nombre del país y se identifica, únicamente, por el perfil del soberano reinante.

Para inutilizar el Penique Negro se utilizó un matasellos conocido como “Cruz de Malta”, inicialmente en color negro, que fue cambiado por el rojo para contrastarlo con la estampilla.

Los sellos se imprimieron en pliegos de doscientos cuarenta ejemplares (doce por doce), que se separaban unos de otros recortándolos con tijeras; no había, aún, el sistema de separación por medio del dentado. El método de separación ha hecho que muchas de las estampillas estén defectuosamente recortadas; para los coleccionistas, adquiere mayor valor un sello adecuadamente cortado y con amplios márgenes.