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Los sapos y ranas pertenecen al grupo de los anfibios, al igual que otras especies menos conocidas como las salamandras y las cecilias. El Ecuador es el paraíso para conocerlos y disfrutar de sus encantos, por ello es considerado país sapodiverso, el campeón mundial de las ranas y sapos. En esta pequeña porción de tierra sudamericana viven cerca de 560 especies.

Para saber más de cada una de ellas se puede acceder a  sitios de Internet (ej. AnfibiosWebEcuador), algunos de los cuales ofrecen información actualizada y constituyen además, una herramienta esencial para el público general, estudiantes e investigadores interesados.

Los anfibios han sido desde siempre animales cercanos a los humanos, y un componente sobresaliente de su entorno natural. En Ecuador, la historia del conocimiento de ellos se remonta a la llegada de los primeros Homo sapiens a este territorio: hace aproximadamente 10 000 años.  Para las comunidades andinas son un símbolo de fertilidad y buenas cosechas. Para las tribus amazónicas son fuente de medicinas y alimento. Esta relación cercana a estos animales ha generado una gama inmensa de conocimientos en diversas áreas del saber, los cuales están plasmados en restos arqueológicos, folklore, mitología, cuentos, leyendas, arte, artesanía, y otras múltiples expresiones culturales, tanto de origen ancestral como contemporáneo.

En este inmenso mundo de los sapos hay todavía mucho por descubrir. Por ejemplo, los científicos estiman que todavía restan por encontrar y describir para la ciencia no menos de 200 especies adicionales de anfibios ecuatorianos. Esta notoria y magnificente diversidad de especies va de la mano de la diversidad genómica, morfológica, ecológica, etológica, de formas de vida, de modos reproductivos, de belleza estética, de conocimientos ancestrales, e innumerables otras cualidades, las cuales por si solas o en conjunto justifican por demás que esta riqueza anfibia sea considerada un patrimonio natural de la humanidad y por ende su investigación y conservación sean prioritarias. Adicionalmente, los anfibios ecuatorianos son un recurso estratégico y económico del estado Ecuatoriano. Su bioconocimiento tiene innumerables usos y aplicaciones actuales y potenciales en áreas como la biotecnología, biomedicina, sapoturismo, biocomercio y otras.